
Dalí Corona (Ciudad de México, 1983). Ha publicado los libros Voltario (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007) y Desfiladero (Chihuahua Arde, 2007). Ha sido incluido en el Anuario de poesía Mexicana 2006, FCE. Participó en el XII Festival de poesía en la Habana, Cuba en 2007. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y diarios del país. Es miembro del consejo de colaboradores de Oráculo. Revista de Poesía. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía.
Ligera
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas.
Federico García Lorca
Toda así, ligera,
entraste en los rincones de mi casa, entraste
- luz que apenas se filtra en la raíz -
como una lluvia tenue de brazas
que el viento deja escapar hacia los árboles.
Toda así,
con tu región más ártica y delgada
llegas a habitar nido de pájaros, cabeceando
en un ir y venir de hojas secas.
Me pregunto,
por qué tanta lucha para no ser ácida lluvia,
si toda tú entre mis córneas, incontenible
habitas. Parvada de dragones, trombosis, sombra lepidóptera.
Me pregunto, para qué cielo arado,
para qué mar de lanzas costillar que revienta,
si a tus pequeñas manos llega
el animal que en mi cabalga.
Ligera, ligerísima,
líquido trotar de sangre así llegaste,
apartada de todas las especies de cigarras,
segura de estallar retina adentro.
Horizontal
Y sucede, amigos, que ya no puedo ver las tardes como antes, que me cuesta trabajo asirme de la lluvia como si fuera un crisantemo.
Ligera
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas.
Federico García Lorca
Toda así, ligera,
entraste en los rincones de mi casa, entraste
- luz que apenas se filtra en la raíz -
como una lluvia tenue de brazas
que el viento deja escapar hacia los árboles.
Toda así,
con tu región más ártica y delgada
llegas a habitar nido de pájaros, cabeceando
en un ir y venir de hojas secas.
Me pregunto,
por qué tanta lucha para no ser ácida lluvia,
si toda tú entre mis córneas, incontenible
habitas. Parvada de dragones, trombosis, sombra lepidóptera.
Me pregunto, para qué cielo arado,
para qué mar de lanzas costillar que revienta,
si a tus pequeñas manos llega
el animal que en mi cabalga.
Ligera, ligerísima,
líquido trotar de sangre así llegaste,
apartada de todas las especies de cigarras,
segura de estallar retina adentro.
Horizontal
Y sucede, amigos, que ya no puedo ver las tardes como antes, que me cuesta trabajo asirme de la lluvia como si fuera un crisantemo.
Sucede que de pronto, ingenuamente,
se me vino a instalar en la mirada
un séquito de pardos ojos-figuras galopantes propias de climas más extremos-
Y sucede que también así, como por arte de magia,
la idea que tenía del mar ha tomado otro cauce;
ha llegado a residir colina abajo,
donde la noche parece ser una bestia escalofriante a punto de parir incendios.
Sucede que he cambiado dirección y número de usuario para el banco;
que mi licencia para manejarse ha quedado de rehén
detrás de una cortina, entre muros.
Que la fe, aquella que me hacia robar el mar y alojarlo igual
que Enriqueya no da ni para colectar granos de lluvia,
ya no da para enfrentar gaviotas.
Y es que sucede amigos,que ayer la pude ver horizontal por la mañana.
Grácil andar de hierba su paso que vigila,
tundra febril el canto,
su huella de avispado lince.
Qué muñón de cepa agreste habrá
tras los húmedos cristales de su vientre,
qué colorida lluvia bajo sus alas de blanquísimo delirio.
Son ya siete los días que tengo
esperando a que su cuerpo vuelva,
son ya siete los días en que esta arteria colosal
menstrua pavorosos rayos.
Qué glorioso, qué cándido, qué azul su grito,
y qué profundo este doler, estas ansias
de devorarle a cuerno limpio
las mieles de sus ojos.
Tengo, dentro de mí, viejas costumbres de las aves,
los nervios hechos nudo;
el grito agudo de su piel de loba,
su carne que me mira:
una furia que se enciende y pasa
de un órgano vital a la carroña.
Grácil andar de hierba su paso que vigila,
tundra febril el canto,
su huella de avispado lince.
Qué muñón de cepa agreste habrá
tras los húmedos cristales de su vientre,
qué colorida lluvia bajo sus alas de blanquísimo delirio.
Son ya siete los días que tengo
esperando a que su cuerpo vuelva,
son ya siete los días en que esta arteria colosal
menstrua pavorosos rayos.
Qué glorioso, qué cándido, qué azul su grito,
y qué profundo este doler, estas ansias
de devorarle a cuerno limpio
las mieles de sus ojos.
Tengo, dentro de mí, viejas costumbres de las aves,
los nervios hechos nudo;
el grito agudo de su piel de loba,
su carne que me mira:
una furia que se enciende y pasa
de un órgano vital a la carroña.
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